UN INTRUSO EN LA FIRA DE BARCELONA.

Mi querido amigo y emérito, Fausto Miguelez, me insiste continuamente para que recuerde mi paso por la Fira de Barcelona, aprovechando que aún guardo memoria activa de esa época, tal y como se puede observar en las anécdotas que periódicamente os explico.  

Miguelez me echa en cara que, hasta ahora, mis recuerdos son entremeses de picoteo y que debo abordar el plato principal; Mi relación con los poderes económicos y políticos de mi etapa en La Fira de Barcelona.  

Incluso me ha puesto título a este capitulo;  

UN INTRUSO EN LA FIRA  

He tratado de saber que quiere expresarme con lo de “intruso” y he llegado a la conclusión que el titulo que me propone se ajusta más a la realidad si se concibe como un » don nadie», sin apellidos ilustres ligados a la burguesía o al poder económico, como un «fulano» cualquiera, sin poder de influencia, que llegó a ser director general de la institución económica más importante de Catalunya y la primera feria de España al que, aunque sea difícil de creer, políticamente nunca pidieron nada que cuestionara su independencia profesional.   

Entiendo este título y en cierto modo me veo reflejado, pero lo corrijo por elevación y se titulará;  

UN MINDUNDI EN LA FIRA  

Pero como dijo Jack el Destripador, “vayamos por partes”.  

El nombre y los apellidos: ADOLFO CABRUJA MARTINEZ  

Adolfo crea confusión. Alonso, Alfonso, y de pequeño Adolfito y con mala leche golfo, golfito.  

Pero los más necios recuerdan mi nombre ligado a la guerra mundial y al nazismo. 

¡Craso error!  

Nací en el 48. El año que se creó la OMS y, para darle un tono de frivolidad, el año en que el Sha, repudió a su esposa Reza Pahlev, el año en que nació Depardieu y se estrenó Gilda con gran escándalo. Y no me olvido; tambien nació Arguiñano, Pepa Flores, Olivia Newton John y Carlos, el príncipe de Gales y por supuesto este «mindundi» que hoy os lo cuenta en esta memoria selectiva, como toda memoria. 

Que unos padres pongan a su hijo Adolfo puede favorecer los malos entendidos. Lo acepto.  

Puede crear confusión democrática y dudas en mis antecedentes familiares. Alguien que no conozca a mi familia ni su pensamiento rotundamente antifascista puede dudar; ¿Adolfo? ¿Porque Adolfo? 

Yo también pregunté. Y la respuesta fue concluyente.  

Es costumbre que los varones lleven el nombre de su abuelo materno. Mi abuelo se llamaba Silvestre. Aún no era famoso Silver Stallone. Y mi madre pensó “que horror.” Silvestre Cabruja Martinez. “Ni hablar”. Cada 31 de diciembre le dirán “Silvestre deja el año y veste.”  

Segunda oportunidad. Segunda opción. El nombre del santo del día. Justiniano.  

Ni hablar tampoco. Justiniano. ¡Qué fuerte!!  

“Sabe qué? le dijo a mi abuela- por cierto, la madre Pepa-, le pondremos Adolfo, como su padre.  

La excusa fue emocional y nadie le llevó la contraía. A su padre le hacía mucha ilusión y punto.  

Ya sabéis la historia de mi nombre y así, por esas casualidades de la vida y las argucias de mi madre, me llamó Adolfo y no Silvestre o Justiniano Cabruja.  

Aunque, a decir verdad, ahora que lo escribo, suena bien uno y otro y, en todo caso, no sé si esta circunstancia hubiera tenido influencia en mi vida. 

Mi padre de Tossa de Mar, limpiador de coches y mi madre, de Caravaca de la Cruz, dieron origen a este ADOLFO CABRUJA MARTINEZ, un charnego integral, al que nadie tuvo en cuenta sus orígenes para gobernar la Fira. 

Esto continuará y espero abrir las puertas para que mi amigo Fausto, emérito en sociología, siga leyendo mis historias como hacéis vosotros y no se decepcione y me vuelva a reclamar el plato fuerte. 

Gracias por leerme. 

PD. Una amiga ha estado convencida que mi nombre era Arturo. Ahora ya no tiene dudas. 

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